miércoles, 17 de junio de 2015



OSO CUMBEL

Hombre que dejo de ser abuelo para ser padre, hombre que dejo de ser frio para compartir sus verdaderos sentimientos con sus nietos.
Nueve años conociendo al ser que un día iría a partir, sin dejarme despedir, fue lo que sintió Jessy la nieta de Don Manuel.
Muchas veces dejamos de preocuparnos por cosas más importantes como la salud de tu padre, hecho que siempre tendrán en su mente los hijos de Manuel.

Por: Jesica July Fuertes Soto
        jesicafuertesoto@gmail.com

El mes de octubre ya no es el mes morado para ella es el mes de color negro, negro como el color de ropa que utilizaría todo un año pero que ese oscuro lo llevaría en el pecho hasta el día de hoy, recordando ese 7 de octubre como el día más negro de toda su vida. Pues su abuelito Manuel Egidio Soto Quispe el “osito cumbel” como ella lo recordaba ya no estaría más en su vida, había partido después de haberse enfermado y de haber guardado tanto dolor de no ver juntos a sus hijos.

Durante nueve años la acompañaste y junto a ti aprendió el significado de la palabra padre, fue muy grato desde el momento en que se conocieron, pues la pequeña Jessy  Fuertes Soto cumplía 8 años, que marcarían no solo por conocerte, sino porque precisamente ese día fue cuando te la llevaste a vivir a Arequipa, pues venias desde ahí junto a tu hija, porque Julia Lourdes Soto Escalante madre de Jessy te lo había pedido.

Fue casi un año completo en el que aprendió a vivir junto a ti, vivir tu carácter, conociendo tus fortalezas y debilidades, aprendiendo a caminar y no porque no supiera, sino a caminar desde Simón Bolívar hasta el Filtro, o desde el Avelino hasta Pachacutec supuestamente para ahorrar pasajes, que luego la pequeña Jesy te hacia gastar con gaseosas, llegaban las doce y nos íbamos hasta el canal 6, pero esta vez en micro pues sabias que tu pequeña nieta gordita no llegaría a pie, llegaba la hora del almuerzo y ambos compartían ese alimento, pero como siempre pasabas a tu engreída el segundo mientras que Manuel degustaba de su sopa con su rocoto y limón, dos ingredientes muy especiales que comías hasta el último día de tu existencia, pues por más que tratábamos de cuidarte tu decías que mala hierba nunca muere frase que no solo repetías tú, sino que a veces tus hijos varones te lo decían. Pero sobre todo demostraste ese sentimiento que por mucho tiempo tan solo guardabas para tus 13 nietos que en vida conociste y que seguramente hoy guardas desde el cielo al último, quien nació el 31 de diciembre del año pasado a cuatro años de tu sensible fallecimiento.

Las hojas de los arboles caían era significado de que el mes de agosto se acercaba, hojas que traían a tu hijo mayor a quien volverías a ver después de tres años, mes en el que tú eras feliz por la llegada de tu primogénito pero a la vez inicio de tu sufrimiento, pues tus cinco hijos del segundo matrimonio con Manuela y los dos primeros con Teresa, tu primera esposa. Grimaldo era el más despreciado primer hijo que tuviste con la señora Teresa, pues a este le echaban la culpa de la muerte de la madre de tus 5 hijos, resentimiento guardado sobre todo de la segunda hija que tuviste durante el matrimonio con Manuela tu media mitad a quien le guardaste luto hasta el último día de tu existencia pues decidiste quedarte viudo y no casarte de nuevo. Fue precisamente el resentimiento de Marleny y la indiferencia de tus demás hijos lo que te llevaron a desfallecer, fue así que Lourdes tu tercera hija del matrimonio con Manuela, quien se parecía mucho a tu esposa, la que reclamo a tus demás hijos de que tú estabas enfermo y necesitabas ayuda, en vez de ayudar todos le dieron la espalda y la botaron de tu casa, sin dejarnos verte, hasta el día de tu sepelio.

Tu nieta ya de 16 años siempre trataba de ir a verte  tan solo cuando mi tía marga estaba pues ella era la única que me permitía verte, iba para  pedirte de que si algo malo sucedía tu perdones a tus hijos, pues a veces parecían unos niños y que les dieras tas tas para que se comporten como mayores que son, tú la observabas y te reías.

DECIR ADIOS

Pasaron los días y el siete de octubre del 2010 llego, Jesy había soñado que tú estabas lejos, navegando en un mar y  le decías que tu momento había llegado, asustada despertó sin imaginar que en realidad tú estabas moribundo en el hospital pues al verte alejado tus hijos de nuestro lado, ya no podíamos verte como antes lo solíamos hacer, ese día pasaba, llegando la noche, cuando de pronto tocaron la puerta, subía las escaleras para abrir y en eso veo a mi tía Carola, nuera de mi abuelito, toda agitada y con los ojos rojos, cuando de sus labios brotaron las palabras que marcaron mi vida para siempre estas fueron:  “el papa acaba de fallecer”, cerré la puerta y baje de las escaleras para ir  al lado de mi mama, para abrazarla y contarle lo que había pasado, no pude contenerme y llore junto a ella como si me hubieran arrancado algo de mí cuerpo, como si mi vida ya no tuviera sentido, pues esos nueve años habían marcado nuestro amor hacia ti.

8 de octubre día del sepelio, este sería la última fecha en que vi tu rostro, parecías vivo, pero me comentaron de que te habían maquillado, vestías un terno color negro, aun después de muerto parecías muy apuesto, en mi casa nadie comía, no había motivo, al día siguiente era tu entierro, no recuerdo exactamente cuántos fueron, pero eras tan querido que desde que llegaste como vecino a Simón Bolívar todos te respetaban pues tratabas de no pelearte con nadie, misma relación que mantenías con tus dos únicas hermanas y demás familiares, así que presumo fueron más de 300 personas las que estuvieron acompañándote ese día. 

Todos de luto y con flores en mano se iban acercando cargando en hombros tu cuerpo y detrás una procesión que lloraba la pérdida de un ser querido, hasta que llegamos al lugar donde depositarían tu cuerpo exactamente eres el último de la cuarta fila del pabellón San Juan del cementerio de Socabaya, después de haberte depositado en ese lugar tan largo donde reposaría tu cuerpo, fueron a pasar las palabras de agradecimiento y todos los varones de tu casa pasaron a comenzar hablar repitiendo al principio quien en vida fue, junto a cada sobrenombre que cada uno te había puesto, pues para unos eras el maestro Rochi, para tus hijos el papa Manuel, para mí el osito cumbel a quien guardo en mi corazón y a quien creo que se encuentra en un viaje que al retornar me llevaras junto a ti, pues cada vez que soñaba contigo después de este gran sufrimiento nunca dejas de repetirme que no estás muerto y yo te creo.


Si hay un deseo que no pudimos cumplirte fue el de enterrarte junto a tu amada, pero ya quizás no lo necesites pues hoy debes estar unido a ella en el cielo.

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