OSO CUMBEL
Hombre que dejo de ser abuelo para ser
padre, hombre que dejo de ser frio para compartir sus verdaderos sentimientos
con sus nietos.
Nueve años conociendo al ser que un
día iría a partir, sin dejarme despedir, fue lo que sintió Jessy la nieta de
Don Manuel.
Muchas veces dejamos de preocuparnos
por cosas más importantes como la salud de tu padre, hecho que siempre tendrán
en su mente los hijos de Manuel.
Por: Jesica July Fuertes Soto
jesicafuertesoto@gmail.com
El mes de octubre ya no es el mes
morado para ella es el mes de color negro, negro como el color de ropa que
utilizaría todo un año pero que ese oscuro lo llevaría en el pecho hasta el día
de hoy, recordando ese 7 de octubre como el día más negro de toda su vida. Pues
su abuelito Manuel Egidio Soto Quispe el “osito cumbel” como ella lo recordaba
ya no estaría más en su vida, había partido después de haberse enfermado y de
haber guardado tanto dolor de no ver juntos a sus hijos.
Durante
nueve años la acompañaste y junto a ti aprendió el significado de la palabra
padre, fue muy grato desde el momento en que se conocieron, pues la pequeña Jessy Fuertes Soto cumplía 8 años, que marcarían no
solo por conocerte, sino porque precisamente ese día fue cuando te la llevaste
a vivir a Arequipa, pues venias desde ahí junto a tu hija, porque Julia Lourdes
Soto Escalante madre de Jessy te lo había pedido.
Fue
casi un año completo en el que aprendió a vivir junto a ti, vivir tu carácter,
conociendo tus fortalezas y debilidades, aprendiendo a caminar y no porque no
supiera, sino a caminar desde Simón Bolívar hasta el Filtro, o desde el Avelino
hasta Pachacutec supuestamente para ahorrar pasajes, que luego la pequeña Jesy
te hacia gastar con gaseosas, llegaban las doce y nos íbamos hasta el canal 6,
pero esta vez en micro pues sabias que tu pequeña nieta gordita no llegaría a
pie, llegaba la hora del almuerzo y ambos compartían ese alimento, pero como
siempre pasabas a tu engreída el segundo mientras que Manuel degustaba de su
sopa con su rocoto y limón, dos ingredientes muy especiales que comías hasta el
último día de tu existencia, pues por más que tratábamos de cuidarte tu decías
que mala hierba nunca muere frase que no solo repetías tú, sino que a veces tus
hijos varones te lo decían. Pero sobre todo demostraste ese sentimiento que por
mucho tiempo tan solo guardabas para tus 13 nietos que en vida conociste y que
seguramente hoy guardas desde el cielo al último, quien nació el 31 de
diciembre del año pasado a cuatro años de tu sensible fallecimiento.
Las
hojas de los arboles caían era significado de que el mes de agosto se acercaba,
hojas que traían a tu hijo mayor a quien volverías a ver después de tres años, mes
en el que tú eras feliz por la llegada de tu primogénito pero a la vez inicio
de tu sufrimiento, pues tus cinco hijos del segundo matrimonio con Manuela y
los dos primeros con Teresa, tu primera esposa. Grimaldo era el más despreciado
primer hijo que tuviste con la señora Teresa, pues a este le echaban la culpa
de la muerte de la madre de tus 5 hijos, resentimiento guardado sobre todo de
la segunda hija que tuviste durante el matrimonio con Manuela tu media mitad a
quien le guardaste luto hasta el último día de tu existencia pues decidiste
quedarte viudo y no casarte de nuevo. Fue precisamente el resentimiento de
Marleny y la indiferencia de tus demás hijos lo que te llevaron a desfallecer,
fue así que Lourdes tu tercera hija del matrimonio con Manuela, quien se
parecía mucho a tu esposa, la que reclamo a tus demás hijos de que tú estabas
enfermo y necesitabas ayuda, en vez de ayudar todos le dieron la espalda y la
botaron de tu casa, sin dejarnos verte, hasta el día de tu sepelio.
Tu
nieta ya de 16 años siempre trataba de ir a verte tan solo cuando mi tía marga estaba pues ella
era la única que me permitía verte, iba para pedirte de que si algo malo sucedía tu
perdones a tus hijos, pues a veces parecían unos niños y que les dieras tas tas
para que se comporten como mayores que son, tú la observabas y te reías.
DECIR ADIOS
Pasaron
los días y el siete de octubre del 2010 llego, Jesy había soñado que tú estabas
lejos, navegando en un mar y le decías
que tu momento había llegado, asustada despertó sin imaginar que en realidad tú
estabas moribundo en el hospital pues al verte alejado tus hijos de nuestro
lado, ya no podíamos verte como antes lo solíamos hacer, ese día pasaba,
llegando la noche, cuando de pronto tocaron la puerta, subía las escaleras para
abrir y en eso veo a mi tía Carola, nuera de mi abuelito, toda agitada y con
los ojos rojos, cuando de sus labios brotaron las palabras que marcaron mi vida
para siempre estas fueron: “el papa
acaba de fallecer”, cerré la puerta y baje de las escaleras para ir al lado de mi mama, para abrazarla y contarle
lo que había pasado, no pude contenerme y llore junto a ella como si me
hubieran arrancado algo de mí cuerpo, como si mi vida ya no tuviera sentido,
pues esos nueve años habían marcado nuestro amor hacia ti.
8 de
octubre día del sepelio, este sería la última fecha en que vi tu rostro, parecías
vivo, pero me comentaron de que te habían maquillado, vestías un terno color negro, aun
después de muerto parecías muy apuesto, en mi casa nadie comía, no había
motivo, al día siguiente era tu entierro, no recuerdo exactamente cuántos
fueron, pero eras tan querido que desde que llegaste como vecino a Simón
Bolívar todos te respetaban pues tratabas de no pelearte con nadie, misma
relación que mantenías con tus dos únicas hermanas y demás familiares, así que
presumo fueron más de 300 personas las que estuvieron acompañándote ese día.
Todos de luto y con flores en mano se iban acercando cargando en hombros tu cuerpo y
detrás una procesión que lloraba la pérdida de un ser querido, hasta que
llegamos al lugar donde depositarían tu cuerpo exactamente eres el último de la
cuarta fila del pabellón San Juan del cementerio de Socabaya, después de haberte
depositado en ese lugar tan largo donde reposaría tu cuerpo, fueron a pasar las
palabras de agradecimiento y todos los varones de tu casa pasaron a comenzar
hablar repitiendo al principio quien en vida fue, junto a cada sobrenombre que
cada uno te había puesto, pues para unos eras el maestro Rochi, para tus hijos
el papa Manuel, para mí el osito cumbel a quien guardo en mi corazón y a quien
creo que se encuentra en un viaje que al retornar me llevaras junto a ti, pues
cada vez que soñaba contigo después de este gran sufrimiento nunca dejas de
repetirme que no estás muerto y yo te creo.
Si
hay un deseo que no pudimos cumplirte fue el de enterrarte junto a tu amada,
pero ya quizás no lo necesites pues hoy debes estar unido a ella en el cielo.

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